Literatura Dr. Jaime Damerval M.

Poetas Latinoamericanos
C - D  

LA NEGRA DOMINGA
RUBEX DARIO


¿Conocéis a la negra Dominga?
Es retoño de cafre y mandinga,
es flor de ébano, henchida de sol.

Ama el ocre y el rojo y el verde,
y en su hora, que besa Y que muerde,
tiene el ansia del beso español.

Serpentina fogosa Y violenta,
con caricias de miel y pimienta
vibra y muestra su loca pasión;

fuegos time que Venus alaba
y envidiara la reina de Saba
para el lecho del MY Salofilón-

Vencedora, magnífica y fiera,
con halagos de gata y pantera
tiende al blanco su abrazo febril,

y en su boca, el beso está loco,
muestra dientes de carne de coco
con reflejos de lácteo marfil.

ROMANCE CRIOLLO DE LA NIÑA CUAYAQUILEÑA

ABEL ROMEO CASTILLO

Guayaquileña bonita,
palomita cuculí,

fragancia de los frutales,

granito de ajonjolí.
Carnecita de canela,

blancor de coco al reír,

pelo de noche sin luna,

mirada oscura de añil.

¡No me mires de ese modo

porque me voy a morir!

La lluvia va improvisando

cortinas de agua sin fin

y las calles enlodadas

visten un oscuro gris.

Los grillos quieren cantar
a lo Ibáñez-Safadí
y en las esquinas los pacos
flautean su piulí.

¡Se está cebando el invierno

con el pobre Guayaquil!
La niña guayaquileña
suavidad de caniquí,
pabilo que se consume
se está muriendo de esplín.
¡No te mueras, morenita
sin antes quererme a mí,
sin que me digan tus labios
palabritas de canguil,
sin recostarte en mi pecho
y dormirte de perfil

Cuando la calle se quede

color de guachapelí,
guáchara de todo ruido,
triste como un amorfín,
yo me apearé de la noche
y me llegaré hasta ti
para cantarte al oído
eso que deseas oír:
"Me quiero casar contigo
pedazo de serafín".

ARBOL DE LUZ TU CUERPO
Jorge Carrera Andrade

Tú, la mayor, la excelsa forma humana
flor del planeta, suma luminosa
del ala, del azul, de la mañana,
de la rosa encondida en cada cosa.

Arbol de luz tu cuerpo, ave y campana,
tu dulce voz rompió su fruta hermosa.
Venciste, de palomas capitana
la soledad del hombre con tu rosa.

Ya el árbol por el fuego consumido,
la fruta ya campana de ceniza,
ya la campana, hueso de sonido,

tu presencia de música perdura,
paso de aroma y eco entre la brisa,
luz sobre la derruida arquitectura.

BIOGRAFIA SECRETA DEL HIJO
(Jorge Carrera Andrade)

Más pesado que el mundo en la entraña te hospedas,
mucho menos que un pájaro, una espiga
o un  dulce mineral que se enciende en la tierra,
apenas como pluma o grano que germina,

o como lenta sangre que va palideciendo 
hast volverse almendra transitoria, 
gris almendra que crece y se nutre en su sueño 
ensanchando su cáscara de sombra.

Te mueves en lo obscuro, larva, ínfimo forzado 
con el presentimiento de la luz nunca vista. 
Huésped de ojos cerrados 
sacudes en la noche tus ligaduras vivas.

Gravedad del rostro eres y peso de la entraña, 
de un cuerpo de  mujer habitante uterino.
 Inmigrante venido de la nada 
con tus manos vacías y tu dolor de siglos.

ISOLINA
Jorge Carrera Andrade


Envuelta en una limpia claridad de manzana
va la tía Isolina con su paso monjil
lavando el comedor. Es su mano liviana
al sacudir el agua, un hisopo de abril.

Isolina es más blanca que la candeal harina,
más inocente y simple que el nevado mantel
cuando, desde la sombra rosa de la cocina,
hace sonar el tiemo coraz6n del pastel.

Vara santa, florida de castas intenciones,
emplea su piedad desde que sale el sol
en fabricar compotas, en airear los melones
y en echar una perla de llanto en el perol.

Isolina: un revuelo de ropa almidonada
que aletea turbando el corredor monjil,
un olor de melones y una mano nevada
que nos roza las sienes en la luna de abril.
LA BAILARINA DE LOS PIES DESNUDOS
Ruben Darío


Iba en un paso rítmico y felino
a avances dulces, ágiles o rudos,
con algo de animal y de divino,
la bailarina de los pies desnudos.

Su falda era la falda de las rosas,
en sus pechos había dos escudos. . .
Constelada de casos y de cosas. . .
La bailarina de los pies desnudos.

Bajaban mil deleites de los senos
hacia la perla hundida del ombligo,
e iniciaban propósitos obscenos
azúcares de fresa y miel de higo.

A un lado de la silla gestatoria
estaban mis bufones y mis mudos. . .
Y era toda Selene y Anactoria
la bailarina de los pies desnudos!

COCKTAIL
Jaime Damerval


Tomo, pausadamente,
mi coctel de sangre.
Baja, como un torrente,
abriendo cauce en mi carne.
Río subterráneo, revuelto,
que va derribando estatuas.
Cascada feroz que estalla,
que reviente en mi pecho.
Me embriago locamente,
me inundo de sangre.
Sangre en los zapatos llevo,
i, en los bolsillos, sangre.
Caldo espeso, hirviente, amargo,
salobre, crepitante.
De musculo, nervio i hueso molidos
está hecho el brebaje.
Mi corazón es el molino
que tritura tempestades.
Se está quemando mi alma
en un incendio astral que no puede apagarse.
Que no quiero, ya, que se apague.
Mi alma, convertida en polvo,
formó un vendabal color beige
al ponerse el sol esta tarde.
Mi corazón es la calavera
donde brindo mi coraje.
Un rayo ilumina mi isla,
mi arenal, un instante:
femenina, festiva i galante,
me acompaña mi bandera
columpiándose en el aire.



INTEGRIDAD
Jaime Damerval


No puedo juzgar a un hombre, sólo por su derrota
de árbol vencido por su propio ciclón;
i acusarlo por su último acto, por su espina i su sombra,
conciente de que fué espiga, chispa y canción.
Sería injusto juzgar a un árbol, sólo por su otoño
porque su hojarazca puede inducirme a error.
Como el árbol, el hombre tiene estaciones
su calendario feliz i su horario de horror.
Un hombre debe ser juzgado con todas sus banderas,
con su razón, i su sinrazón.

X
Jaime Damerval


No es cierto que en las Matemáticas no hay Poesía.
Ciencia de la cantidad.
Porque aún su rigidez tiene un tendón
de sensibilidad.

Hermandad de mendigos ciegos.
Nudo.
Abrazo de árboles que no tienen otra forma de abrazarse
que cruzarse.
Viejos amantes, tambaleantes
que se apoyan entre sí.
Náufragos a punto de caer, con la última ola.
¡Signo de multiplicar!

Matrimonio.
Unión actual e indisoluble
que cumple con el fin de vivir en paz,
de auxiliarse mutuamente,
de procrear.
¡Signo de multiplicar!

 

AMOR PROPIETARIO
Jaime Damerval


Este no es el introvertido, amor subversivo de entonces,
Subterráneo, idólatra, que sólo en el centro pudo escribir un signo.

Hoy. . .es victorioso amor centrífugo,
Acaparador: Amor propietario,
que te cita con banderas desde este lado del río.
Líder de tu cuerpo, Capitán de tu piel.
Amor caudillo.

Amor estentóreo. A la ventana del boulevar me asomo
y grito que te quiero.

Es tan extenso. . .que tiene su propia geografía,
su brújula, sus polos, su volcán y su estrella.
A veces traspapelo sus mapas y sus planos,
y entonces voy por él:
Arqueólogo de mi propio recuerdo.

Amor laborioso,
con su sol urbano
y su reloj de arena.
Reposado amor rural
de hamacas, guitarras y poemas.

Amos matemático
de apenas dos signos, para amarte + y +
y x nuestra estirpe.

Amor que tiene sus códigos,
su estratégia, su mecánica, su lógica
y su pena.





RACIMOS
Jaime Damerval

Cada mañana el arrabal oía el pregón de la Fruta. . .
La niña descalza empujaba su carga dorada,
y era triunfal el avance de su Carretilla.
¡Casera! ¡Casera! ¡Caserita!
Rodeaban la Carreta, los niños, las niñas. . .
El limpiabotas descalzo, y todos los pequeños
Héroes en la resistencia al Hambre, a la Epidemia,
a la Fatiga.

Concurrencia puntual
a la fiesta matutina;
aleteo de ángeles
mutilados, sin Capilla;
damitas descalzas,
buscadores de azúcar.
¡Casera! ¡Caserita!

El mejor Racimo no se vendía:
lo regalaba la Carretillera
en el estuche de sus manos limpias.

Luego se adentraba en la Ciudad,
y medía la Jornada en esquinas.

A lo lejos, amarilla y brillante la Fruta
la Carreta parece una lámpara
en las manos de una niña guía.
¡Casera! ¡Casera! ¡Caserita!

Cuando en la Jornada, en su lucha cívica,
cayó la Carretillera,
al cementerio llevaron todos
su blanco ataúd en un nudo de brazos.

La tumba quedó como un florero de piedra;
y en un muro escrita, con tiza de la escuela,
la palabra injusticia.

Cogidos de las manos se retiraron los niños
en apretado y silencioso cortejo,
militante en su tristeza.
Los niños pobres, quebrados,
en el denominador común de la Miseria,
empujarían la Carreta.

La Hermandad había aprendido la lección de la Fruta:
la esbeltez y pujante renovación de la planta,
-relevo por sostener la antorcha del fruto-,
la íntima y vigorosa unidad del Racimo.

 

POEMA ROJO
Jaime Damerval


No quiero empezar. . .
porque sé que, si te toco, te querré para siempre.

Sé que esta caricia, que late en mi mano,
puede ser mortal;
que nos está prohibida.

Esta pasión vive en la Soledad y se alimenta en la Sombra.
En un río invisible que, por no descubrirse,
desemboca en sí mismo.

Sinembargo, a veces, esta pasión es soberbia
y quiere revelarse,
aunque aparezca adolorida y sangrante
en su afán de estrangularse
y desaparecer imperceptiblemente.

No puedo resignarme. . .
Pesa en mis venas este amor. Inunda mi mente.
Y como es correspondido, sabiéndolo,
se arraiga, se fortifica, crece.

Floreció de repente en las grietas de mi atalaya,
en mis cicatrices.
Su alimento es mi vida.

Un remolino de angustia nos arrastra en su seno,
y yo no quiero saber adonde nos lleva.

No puedo resignarme. . .Estoy acercándome a ti.

Si no te lo digo ahora, un día de éstos, un día
te lo diré delante de quienes no deben oírnos;
caminaré murmurando, te llamaré inconsciente;
contestaré con tu nombre una pregunta cualquiera.

Yo descubriré en tu piel emociones intactas
y te estremeceré con nuevos resplandores.

Porque tú, para mí, aún eres casta.

Yo seré el pecador . . . ,
y en mi tormento,
desde la playa de mi isla, en el planeta rojo,
con parábolas de fuego te hará señales mi alma

ROMANCE DE MI DESTINO
Abel Romeo Castillo


Todo lo que quise yo
tuve que dejarlo lejos.
Siempre tengo que escaparme
y abandonar lo que quiero.
(Yo soy el buque fantasma
que no puede anclar en puertos)
Ando buscando refugios
en retratos y en espejos
en cartas apolilladas
y en pálidos documentos.

¡ Por más que estire las manos
nunca te alcanzo, lucero!

Jugo de amargos adioses
es mi vaso predilecto.
Yo me bebo a tragos largos
mi pócima de recuerdos
y me embriago en lejanías
para acariciar mis sueños.
¡ Nadie sabe como yo
lenguaje de los pañuelos
agitándose en los muelles
sacudiendo el aire, trémulos!

Nadie como yo nació
con destino marinero.
(¡La única flor que conozco
es la rosa de los vientos!)

CARTA A LA MADRE
César Dávila Andrade


A estas horas ya habrás cenado
ese pan tan delgado que al mirarlo
produce una sonrisa y una lágrima.

Y pensar que yo nunca sentí tu hambre,
que te robé un árbol azul y dos arbustos blancos
y que por eso hoy tienes marchitas ya las venas,
y descalza la blanca altura de los senos,
y que un ángel oscuro con un nombre extranjero,
tal si fuera una puerta, a tu esternón golpea. . .

No madrugues a misa ni cojas el sereno.
Y sé muy bien que amas con el dolor de Cristo.
Mil noches de costuras te han llagado los ojos
y la malva de tus sagradas manos
tiembla ya con el viento que gira en la ventana.

No sufras porque el sábado amanezca con lluvia
ni porque el río baje con un ramo de lirios.
No sufras porque ha muerto esa gallina blanca
con la que hablara en sueños, una noche, mi hermana.

Ya recibí tu carta. Escrita con romero y pestañas azules!
Me cuentas que se ha muerto mi prima María Augusta.
Ahora que estoy lejos te diré: Yo la amaba.
Mi timidez de entonces me quebró las palabras!
Baja mañana a verla con un ramo de nardos
y recítale alguna oración impalpable.

Dile que ya no bebo y que he pasado el año.
Ahora que estoy lejos te diré. ¡Cuánto la amo!

Dime sinceramente qué piensas de este hijo.
Te salió tan extraño.
Renunció todo aquello que los otros ansiaban
y se hundió en sí, tanto, que quizá no es el mismo. . .

Seguramente piensas: "Estará enamorado".
Y habrás adivinado. Encontré una muchacha
con una voz blanquísima y los filos dorados,
el pelo hecho de espigas y sortijas de malta.

Y ahora, yo quisiera decirte que te amo,
pero de una manera que tú no sospechaste.
Verás. Ahora te amo en todas las mujeres,
te amo en todas las madres, te amo en todas las lágrimas
Tu dirás: "Esas cosas que tiene. . ."
No sé que le ha pasado. Tal vez esté enfermo.
Tal vez los libros raros. . .
Es que el amor de antes se me ha vuelto tan claro
que siento que ya nada es para mí extraño. . .

ALEGRIA
(fragmento)
Fernanda de Castro
Traducido por: Gastón Figueira


De cada cicatriz
yo pude hacer un día
no dolor, ni tristeza, ni nostalgia,
sino heroica alegría. . .
Alegría sin causa, alegría animal,
que ningún mal
puede vencer. . .
Loco placer
de respirar.
Alegría brutal y primitiva
de estar viva,
feliz o infeliz
pero bien agarrada a la raíz.
¡Alegría!
¡Alegría!
Alegría de sentirme cada día
más cansada, más triste y dolorida,
y cada vez amando más la vida.

ROMANCE DE LA NIÑA
(Luis Cané)

I

Toda vestida de blanco, 
almidonada y compuesta, 
en la puerta de su casa 
estaba la niña negra.

Un erguido moño blanco 
decoraba su cabeza, 
collares de cuentas rojas, 
al cuello le daban vueltas.

Las otras niñas del barrio 
jugaban en la vereda, 
las otras niñas del barrio 
nunca jugaban con ella.

Toda vestida de blanco, 
almidonada y compuesta, 
en un silencio sin lágrimas 
lloraba la niña negra.

II

Toda vestida de blanco, 
almidonada y compuesta, 
en su féretro de pino 
reposa la niña negra.

A la presencia de Dios 
un ángel blanco la lleva; 
la niña negra no sabe 
si ha de estar triste o contenta.

Dios, la mira dulcemente, 
le acaricia la cabeza, 
y un lindo par de alas blancas 
a su cabeza sujeta.

Los dientes de mazamorra 
brillan a la niña negra. 
Dios llama a todos sus ángeles, 
y dice: "Jugad con ella'

EL MILAGRO PEQUEÑO

ALEJANDRO CASONA

 

Aquella pobre niña

que aún no tenía senos, y la niña lloraba: -Yo quiero tener senos.

-Señor, haz un milagro

un milagro pequeño ... Pero Dios no la oía allá arriba tan lejos.

Y cogió dos palomas-,

se las puso en el pecho, pero las dos palomas levantaron el vuelo Y cogió dos magnolias se las puso en el pecho, pero las (los magnolias deshojaron sus pétalos. Y cogió dos estrellas, se las puso en el pecho, las estrellas temblaron y se apagaron luego. Y cogió dos panales, se los puso en el pecho, y la miel y la cera se helaron en el viento.

Señor: haz un milagro, un milagro pequeño ... pero Dios no la oía allá arriba tan lejos.

Y un día fue el amor.

Lo estrechó contra el pecho y se sintió florida le nacieron dos senos con picos de paloma con temblor de luceros, como magnolias, blancos, como panales, llenos.

Igual que dos milagros,

dos milagros pequeños ...

 

TROPICO PICAPEDRERO

MANUEL DEL CABRAL

 

Hombres negros pican sobre piedras blancas,
tienen en sus picos enredado el sol.
Y como si a ratos se exprimieran algo ...

lloran sus espaldas gotas de charol.

De las piedras salta, cuando pica el pico,

picadillo fatuo de menudo sol,

que se apaga y vuelve cuando vuelve el pico
como si en las piedras reventara Dios.

Dentro de una gota de sudor se mete

la mañana enorme -pero grande no-.

Saltan de los cráneos de las piedras chispas

que los pensamientos de las piedras son,

y los hombres negros cantan cuando pícan

como si ablandara las piedras su voz.

Mas los hombres cavan, y no acaban nunca...

cavan la cantera: la de su dolor.

Contra la inocencia de las piedras blancas

los haitianos pican, bajo un sol de ron.

Los negros que erizan de chispas las piedras

son noches que rompen pedazos de sol.

Hoy buscando el oro de la tierra encuentran

el oro más alto, porque su filón

es aquel del día que pone en los picos astillas

de estrellas, como si estuvieran

sobre la montaña picoteando a Dios.

 

A COLON

RUBEN DARIO

¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América,

tu india virgen y hermosa de sangre cálida,

la perla de tus sueños, es una histérica

de convulsivos nervios y frente pálida.

Cristo va por las calles flaco y enclenque,

Barrabás tiene esclavos Y charreteras,

Y las tierras del Chibcha, Cuzco y Palenque

han visto engalonadas a las panteras.

Duelos, espantos, guerras, fiebre constante

en nuestra senda ha puesto la suerte triste:

¡Crist6foro Colombo, pobre almirante,

ruega a Dios por el mundo que descubriste!